Tormenta
Ante el paso de la tormenta recurrí a llamarte en silencio, en mi imaginación. Me aseguré de tu bienestar, pero le hablé a las ráfagas, porque tus ventanas permanecieron celladas. Cuánto hubiera deseado que no me borraras de tus recuerdos cuando aún lates en los míos, en sorbos, de a poquito. Ya la lluvia se acerca y debo cerrar mi puerta. No te mojes.