A cuenta de
Pensé en maneras para entregarme, rendirme a la seducción de tus dedos blancos, esos que acarician mi cuello y se pierden en mi razón. Pensé en la silueta de tu espalda, la que se expande sobre la piel y penetría mi alma sin explicaciones ni juegos. Ante tales pensamientos me detengo y no creo estés listo para lo que encontrarás. Adentro, cristales rotos. Afuera, vasija quebrada. Arriesgarías el beso sobre un alma rota?
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